La guerra de Afganistán como desarrollo mediático de la islamofobia

     El siglo XXI entraba así con el nuevo enemigo de la teoría del “Enemigo en el Espejo”. Para ello había que encontrar el lugar exacto donde se escondía la “nueva amenaza para la seguridad del mundo”. Así pues Estados Unidos decidió atacar Afganistán en la Operación Libertad Duradera amparándose en la guerra preventiva. Hecho que según Najib Abu Warda describe como : “ilegítima puesto que no se recoge en los tratados internacionales, como sí la llamada guerra defensiva, la que todo estado o nación puede utilizar ante una agresión, pero lo que no puede hacer un país es de forma preventiva bombardear otro antes de que me ataque. Si se aplica a nivel individual podemos ejemplificar si en la calle una persona ataca a otra porque parece que le va a atacar”. Las razones que esgrimía era derrocar al régimen talibán imperante en el país asiático, porque según ellos protegía el terrorismo islámico internacional. Hay que ver algunos datos que nos ofrece el artículo de Jörg Becker, La comunicación en tiempos bélicos: la guerra de la información en Afganistán de la revista digital Telos acerca de algunas contradicciones en el derecho internacional que se produjeron al declarar la guerra.

     A saber, el Consejo de Seguridad de la ONU había constatado en su Resolución del 12 de septiembre de 2001 que tenía ante sí una amenaza a la paz mundial pero no un ataque armado. Sin embargo, sólo una agresión armada autoriza el derecho de autodefensa militar. Esa Resolución constató también que el artículo 51 de la Carta de la ONU reconoce el derecho a la autodefensa, pero su texto no menciona el caso explícito de Afganistán. La Resolución del Consejo de Seguridad (ONU) del 28 de septiembre de 2001 verificó, también, una amenaza a la paz y no un ataque armado. Aun cuando ambas resoluciones hubieran podido eliminar todas las dudas del Derecho Internacional, hubo otras reflexiones relacionadas contra la conducción de guerra de la OTAN en Afganistán, porque todas las medidas militares debían servir sólo para combatir el terrorismo y no para la abolición del gobierno talibán. Más aún, bajo el punto de vista del Derecho Internacional en la guerra de Afganistán sólo habrían podido llevarse a cabo ataques a objetivos militares, no a civiles. Y por último, existieron y existen profundas dudas sobre si en esta guerra existió un caso de asistencia mutua de acuerdo con los tratados de alianza de la OTAN, ya que también el artículo 5 del Pacto del Atlántico Norte determina que debe haber un ataque armado de un Estado para que este pacto entre en acción (y la redacción del texto definitivo de la OTAN del 13 de septiembre de 2001 –se trata de un ataque “desde fuera”– no es conforme con el convenio).”

Vendría pues a confirmar las palabras de Najib en cuanto a las irregularidades que se esgrimieron para atacar el país afgano. La mediática guerra de Afganistán fue un nuevo revulsivo para la estereotipización de la sociedad islámica con nuevos materiales llegados del país asiático suministrados fundamentalmente por las grandes empresas comunicativas como la CNN y las agencias de información. Son interesantes algunas reflexiones acerca del papel del gran grupo comunicativo norteamericano en este conflicto descritas en el artículo Los crímenes de la guerra de Afganistán y la censura de la CNN, escrito por Kurt Nimmo para Rebelión y reproducido en webislam.com:

    En una información del 15 de agosto publicada por Press Gazette Online, Rena Golden, vicepresidente ejecutiva y directora general de CNN Internacional, admitió la censura de noticias sobre la guerra de EE.UU. en Afganistán. Esa censura, explicó, “no fue asunto de presión gubernamental, sino nuestra renuencia a criticar cualquier cosa en una guerra que era obviamente apoyada por la vasta mayoría de la gente.”Aunque numerosos periodistas se quejaron por la censura impuesta por los militares durante la Guerra del Golfo Pérsico, parece ahora que los medios corporativos han decidido censurar por su propia cuenta las noticias, sin una limitación exterior impuesta por el Pentágono. En otras palabras, los medios corporativos se han convertido en esencia en un órgano de propaganda bastante miope y autoritario de la administración Bush. Remarcablemente, atribuyen esta conversión a perro faldero a un deseo de no ofender a la opinión pública, la que, presumen de manera arrogante, es enteramente monolítica. Pareciera que CNN es ahora la agencia noticiosa oficial del gobierno. Como fábricas oficiales de propaganda de la administración Bush, CNN y las otras redes noticiosas corporativas han aceptado obsequiosamente una solicitud de la Casa Blanca de no emitir observaciones de Osama bin Laden sin corregirlas. La Casa Blanca no perdió tiempo en obtener lo mismo de los periódicos en relación con la impresión de transcripciones. “En una maniobra extraña y sin precedentes,” señaló Veronica Forwood, presidente de la filial británica de Reporteros sin Fronteras, “las cinco principales redes, –CNN, NBC, ABC, CBS y Fox News Channel- se han dado vuelta y han aceptado el llamado a la censura de la consejera de seguridad del presidente de EE.UU., Condoleeza Rice.”El Pentágono está tan seguro de que tiene a los medios corporativos en el bolsillo que en diciembre pasado lanzó una exigencia, solicitando que los periodistas que cubren Afganistán formen parte de un grupo exclusivo y autorizado, conocido de otra manera como un “pool de prensa”. El concepto del pool de prensa fue inventado en 1983 cuando EE.UU. invadió Granada. Fue actualizado en 1991 durante la Guerra del Golfo Pérsico después que editores como MacArthur comenzaron a quejarse de la censura militar. La relajación de las reglas del pool de prensa en diciembre, sin embargo, no impidió que los militares negaran el acceso a la zona de operaciones a los periodistas. El 6 de diciembre, cuando soldados estadounidenses fueron alcanzados por una bomba extraviada al norte de Kandahar, los reporteros gráficos fueron encerrados en un almacén por los infantes de marina para asegurarse de que no tomarían fotos de los soldados heridos”.

     El gobierno talibán y su sistema social en Afganistán fueron una nueva ventana para juzgar la religión musulmana  Las largas barbas y las mujeres con burka mostraban a una sociedad anclada en el pasado, retrógrada y fundamentalista que no creía en la libertad occidental. Los medios empezaron a infundir el miedo entre occidente gracias a este material de imágenes que llegaba del país de Afganistán. Siguiendo a Becker: 

    “Mientras, los científicos islamitas advierten mundialmente acerca de la imagen distorsionada del Islam que presentan los medios de comunicación occidentales, y casi desesperadamente hacen alusión a lo absurda que es la imagen de la irracionalidad árabe, de la mentalidad atrasada del Islam o del típico fundamentalista islámico; desde hace tiempo, científicos sociales e investigadores de los conflictos bélicos y de la paz también participan en la elaboración de una imagen del enemigo marcadamente anti-islámica.”

     “En el panorama mediático alemán fueron, y son, especialmente las revistas de gran tirada y los magazines como Stern, Focus y Der Spiegel quienes advierten con sus títulos exagerados y diseños desmesurados sobre el “poder mundial del Islam” o el “misterio del Islam”. Estos medios impresos ejercen una influencia basada en una combinación de lenguaje metafórico y de símbolos: “masas” amenazantes, con hombres iracundos y mujeres cubiertas con sus velos. Der Spiegel tituló el 8 de octubre de 2001 su tema central como «Der religiöse Wahn. Die Rückker des Mittelalters» [«La locura religiosa. El regreso de la Edad Media»]. Entre el World Trade Centre en llamas, guerreros enmascarados y armados con ametralladores así como una media luna, Der Spiegel muestra en su portada el rostro de Osama Bin Laden. A ésta le siguió la portada de Stern, el 25 de octubre de 2001, ilustrada con la cara de una mujer velada, en la que sólo se ven sus ojos a través de una pequeña ranura de su velo y a una horda de guerreros a caballo. Al respecto se lee en la cubierta de Stern: «Neue Serie: Die Wurzeln des Hasses. Mohammeds zornige Erben. 1.400 Jahre zwischen Stolz und Demütigung» [«Nueva serie: Las raíces del odio. Los encolerizados herederos de Mahoma. 1.400 años entre el orgullo y la humillación»].”

        La islamofobia estaba empezando a tomar forma. A través de este país olvidado por Occidente durante muchos años desde que logró independizarse de la Unión Soviética en su invasión en los años 70 gracias a la acción de los talibanes y de voluntarios de nacionalidades dispares como saudíes financiados y ayudados al igual que los talibanes por la C.I.A., se estaba formando en la opinión pública occidental una visión peyorativa de lo que en general era la sociedad islámica. Estas unidades voluntarias armadas es lo que constituiría en el futuro como Al Qaeda. Afganistán posteriormente entró en una guerra civil de la que las antiguas potencias coloniales se desentendieron. El grupo dominante de la guerra fueron los talibanes, un partido que creía en la imposición de los valores sociales tras una determinada interpretación del Corán que a ojos de un occidental estaban consideradas como retrógradas (el burca impuesto a las mujeres era su mayor representación). El ataque y bombardeo de este país por parte de los Estados Unidos para responder a la guerra preventiva que luchaba contra el terrorismo hay que mirarlo en la perspectiva que en el contexto de la guerra de la independencia anticomunista los elementos que en un futuro formarían Al Qaeda lucharon con los talibanes. Así pues este grupo de procedencia y origen afgano parece ser que no estuvo vinculado a los atentados del 11 de septiembre. En palabras de Najib Abu Warda: “En el 11 de septiembre no ha habido involucrado ningún afgano y sin embargo el país que fue bombardeado fue Afganistán. La mayoría de los elementos de Al Qaeda eran egipcios y saudíes de nacionalidad, sin embargo Egipto y Arabia Saudí son excelentes amigos de Estados Unidos. Desconocemos y desconozco además los autores intelectuales de la masacre”. Entonces relacionando todos estos términos Estados Unidos encontró al país indicado para atacar tras los atentados del 11 de septiembre al haberse formado, como hemos explicado anteriormente, el llamado enemigo exterior materializado en el grupo terrorista Al Qaeda. Había una cierta relación entre Al Qaeda y los talibanes a raíz de las guerras soviéticas de la independencia, apoyadas por cierto por Estados Unidos y llamados a los muertos en su día como “mártires” según relata Warda, aunque en el momento de los atentados del 11 de septiembre parece que la relación era casi inexistente. Podemos ver una noticia que El Mundo publicó el 7 de febrero de 2011:          

Alex Strick van Linschoten y Felix Kuehn, los investigadores que han elaborado dicho informe, han vivido durante años en Afganistán y se han relacionado con miembros del movimiento talibán, el trabajo asegura que hay pruebas de que sus representantes se han alejado de las tesis de Al Qaeda en los últimos años. Según estos estudiosos, existen declaraciones de líderes del movimiento en contra del grupo terrorista, a cuyas tesis estarían dispuestos a renunciar a cambio de obtener garantías de seguridad. “Hay espacio para lograr el compromiso de los talibanes a renunciar a Al Qaeda y ofrecer garantías en contra del uso de Afganistán por parte de terroristas internacionales, de manera que se pueden lograr algunos de los objetivos clave de Estados Unidos”, indica el informe elaborado para la citada universidad neoyorquina. El texto asegura que los talibanes no supieron que Al Qaeda iba a realizar los atentados del 11 de septiembre de 2011 contra Washington y Nueva York hasta que éstos se produjeron. Añade que los líderes del movimiento fueron manipulados así por Osama Bin Laden, quien entonces vivía en el país asiático y “se aprovechó de su inexperiencia internacional para conseguir sus propios objetivos”. “Después de los atentados creció considerablemente la desaprobación sobre Bin Laden”, indican los autores, que detallan que eran tales las diferencias entre ambos movimientos que algunos de los líderes talibanes más veteranos se reunieron en noviembre de 2002 en Pakistán y acordaron iniciar un proceso de compromiso político y de reconciliación con el gobierno afgano.”

    Su peculiar régimen regido por mandatos que derivaban de una interpretación más arraigada del Corán fue el blanco perfecto para la propaganda estadounidense orquestada por los grandes grupos mediáticos al servicio de las grandes potencias occidentales. La imagen del islam por tanto en la comunicación internacional se basó en la figura del “talibán violento y radical dispuesto a atentar contra todo Occidente. El miedo al terrorismo islámico empezó a ser patente cuando continuamente se informaba de sucesivos atentados en Afganistán y otras partes del mundo vinculados con el fanatismo.

     El nuevo enemigo exterior parece que ya se había consolidado. El Islam y la sociedad islámica aparecían por lo general para informar sobre actos terroristas, violencia, radicalismo… La agenda setting de la que habla Dolores Bañón solo informaba de aquello que las grandes agencias y medios de comunicación al servicio de los intereses occidentales, solo tenía espacio entonces para aquellos barbudos radicales maltratadores de mujeres con burka, donde estaba el germen de los campos de entrenamiento de Al Qaeda.  

   Continua Becker en el artículo anteriormente citado:

    “La cobertura informativa sobre Afganistán conoció y conoce en la lógica de los sexos sólo el burka para la mujer afgana y la barba para el hombre afgano. La prensa describió, por ejemplo, al embajador talibán Saif en Islamabad durante la guerra como una «estrella de los medios de comunicación con barba y turbante», así mostraron los medios de comunicación al término de la guerra fotos de mujeres alegres y sin velos como prueba del triunfo de los derechos de la mujer y de fotos tomadas en Kabul de hombres afganos sonrientes y afeitados. «Las mujeres pueden nuevamente vivir libres y ya no son obligadas a usar el burka; los hombres gozan de la nueva libertad de poder afeitarse en público»; así describió el semanario Die Woche una situación callejera después de la guerra. Desde luego es necesario hacerse la siguiente pregunta con toda la precisión y urgencia del caso: ¿quién le rasuró a quién la barba con o sin violencia (primeramente de naturaleza física)? Sin duda alguna, existe una historia comparable de una cultura de afeitar la barba como suceso permanente, cargado de violencia, de degradaciones y de privación de derechos.”

Esta es una tesis de lo que hasta el comienzo de la guerra de Afganistán fue el comienzo del detonante de la actual visión que tenemos del Islam a los ojos de los intereses norteamericanos en particular y occidentales en general.

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