El 11 de septiembre como punto de inflexión

    La creciente “satanización” de la cultura islámica por los medios de comunicación, sobre todo los estadounidenses, tuvo el culmen con los atentados terroristas del 11 de septiembre, donde empieza el fenómeno mediático conocido como islamofobia. Así, como hemos dicho anteriormente todos los acontecimientos que se han venido en la historia de la relación entre Islam y Occidente fueron creando un caldo de cultivo, donde la falta de entendimiento y sobre todo el conflicto árabe-israelí, poco a poco fueron demonizando mediáticamente a la cultura islámica. Nos encontramos en un ensayo de la web Revista Mugak, donde Bashy Quraishy describe que “El creciente sentimiento anti-musulmán en los medios de comunicación occidentales, particularmente en los Estados Unidos, es una inevitable reacción violenta creada al comienzo de la desintegración de la Unión Soviética. Durante décadas los soviéticos proporcionaron una conveniente cabeza de turco. Cuando el enemigo público número uno se convirtió en un amigo recién descubierto, los europeos y americanos buscaron con la ayuda de sus medios de comunicación un sustituto, el cual encontraron en los fundamentalistas, término usado demasiado a menudo como sinónimo de los musulmanes”.

       Los medios occidentales empezaron a relacionar musulmán con integrista y fundamentalista, cosa que empezó a generalizarse con el surgimiento de los primeros actos terroristas relacionados con el conflicto palestino en los territorios ocupados por Israel. Así pues cuando abandonamos enteramente el sigo XX para empezarlo con los brutales atentados del 11 de septiembre, ya no había ninguna duda que los Estados Unidos ya tenían un nuevo enemigo exterior al que había que desprestigiar. Llegados a este punto es cuando podemos empezar a hablar del nuevo enemigo que Estados Unidos creo para Occidente, aprovechando el contexto violento que años atrás del 11 de septiembre supo encasillarle.

       Con los atentados del 11 de septiembre empieza pues el fenómeno de la islamofobia. Vendría a sustituir al anticomunismo imperante de la segunda mitad del siglo XX. Era la entrada en el siglo XXI y en un nuevo orden mundial. Con este panorama la cultura islámica empieza poco a poco mediáticamente a entrar en una espiral de relacionarla con la violencia, el integrismo y la incivilización. Los medios empiezan explícita o implícitamente a relacionar los principales conflictos que ocurren en el mundo árabe, muchos de ellos de índole política y sin nada que ver con asuntos religiosos con el Islam. Se empieza a exagerar y dar una imagen peyorativa de la cultura musulmana con vocablos que recuerdan a ideas radicales como islamista o islamismo. A organizaciones terroristas tanto las defensoras del integrismo musulmán como las que defienden intereses políticos van a ser denominadas organizaciones radicales islamistas. El Islam pasó a ser sinónimo de violencia. Bashy Quraishy en la anteriormente citada Revista Mubak explica perfectamente los efectos inmediatos tras el 11 de septiembre. “El uso intencionado de terminología anti-islámica en los medios de comunicación tuvo desafortunadamente inmediatos efectos colaterales. El terrorismo internacional llegó a ser sinónimo de la religión islámica; los musulmanes, sus seguidores y los árabes del medio Este sus co-habitantes. Los ataques sobre personas de aspecto árabe ocasionaron la muerte de gente inocente. Vandalismo, el saqueo de propiedades, bombas incendiarias lanzadas contra casas particulares, el acoso a mujeres y chicas musulmanas en las calles, a niño/as en las escuelas, y el boicot a compañeros de trabajo han sido extensamente denunciados. El centro de control del racismo de la Unión Europea en Viena, ha publicado a finales de Septiembre su informe detallando ataques y acoso a musulmanes en la Unión Europea. No es una lectura agradable.
Imágenes de unas cuantas mujeres paquistaníes con el Corán en una mano y una pistola en la otra, algunos cientos de jóvenes con largas barbas negras gritando “Yihad o Alá es grande” u otro eslogan emocional, son usados repetidamente para ilustrar las maldades del terrorismo y el fanatismo. Estas imágenes se asientan profundamente en la psique de público inocente y mal informado creando odio. Un odio que tiene su propio ciclo, ritmo y lógica. Un odio que toda persona perteneciente a alguna minoría étnica, musulmana o no, puede sentir, paladear y ver.”

       Hay que entender el contexto anterior del que hemos hablado para ver el caldo de cultivo que se formó en torno a la demonización del islamismo y los nuevos conceptos que se iban formando en el contexto exterior de los Estados Unidos y sus aliados en los últimos años de la Guerra Fría. Por eso la islamofobia como tal no se inició de facto con los atentados del 11 de septiembre, sino que es el catalizador, detonante, desencadenante de la visión actual que hay del Islam desde el más profundo desconocimiento.

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