Reflexiones

¿ES COMPATIBLE EL ISLAM CON LA DEMOCRACIA?

Esta sencilla, pero a la vez compleja pregunta no puede contestarse con un solo monosílabo. Si tenemos que ser lo más absolutos posibles para contestarla entonces podemos decir que sí, que un sistema de sufragio universal es posible en una sociedad donde la religión islámica es mayoritaria. ¿Pero qué es la democracia? Tendríamos que preguntarnos aquí… Evidentemente y como hemos visto en el discurso del doctor Castro en las “Jornadas Islam Contemporáneo” realizadas en el centro cultural de Buenos Aires, el pensamiento occidental no comprende los valores del individuo musulmán a la hora de organizar su visión de la sociedad y la vida cívica. No podemos comparar un sistema de sufragio universal occidental donde el progreso a lo largo de los siglos se ha caracterizado por conseguir la separación de Iglesia y Estado. El individuo islámico, por lo general, no concibe la vida cívica que le rodea sin el peso que tiene en su vida la religión y el rezo, que forman parte de su cultura y su sistema de valores. En palabras de Najib Abu Warda, el Islam recoge en algunos versículos del Corán ciertas vinculaciones políticas, aunque no establece un modelo político concreto. Comenta Najib que en el Corán se dice que los líderes de las comunidades serán elegirán a los líderes que estén más capacitados para ello. Algo que podríamos relacionar directamente con lo que sería un sistema democrático actual. La peyorativa visión que hemos visto del Islam y el llamado fenómeno de la islamofobia acrecentado de una manera propagandística tras el 11 de septiembre, nos ha hecho ver a la religión islámica como un reducto incivilizado y no propenso al cambio, cuando en realidad hay una gran incomprensión occidental. Una gran y compleja red de intereses en donde la propaganda exterior de los Estados hablarán, en unos casos, de la violencia terrorista y en otros sin embargo, no dirán nada de, por ejemplo, la feroz dictadura islamista que existe en el reino de Catar y que apoya el terrorismo en Siria como nos cuenta Pablo Sapag, siendo este reino árabe aliado de los intereses occidentales. Una compleja realidad la de estos países en donde incluso nos encontramos el caso de Siria, “el país multiconfesional por antonomasia” en palabras de Sapag, donde la esencia nacional es la unión árabe de todas las religiones y donde la fuerza política más importante es el panarabismo aconfesional, siendo las fuerzas musulmanas sunníes las más afectadas por el rechazo de la sociedad.

Nos encontramos por otro lado con el caso turco, país que decidió occidentalizarse de una manera rápida y que en la actualidad se declara laico al más puro estilo revolucionario ilustrado francés. Sin embargo, en las urnas la sociedad mayoritariamente musulmana turca le ha dado el gobierno a Erdogan, calificado por las potencias occidentales como representante del islamismo moderado. Una especie de eufemismo dentro de los intereses occidentales, al ser Turquía un país aliado de éstos.

Entonces, en la práctica podríamos ver que la sociedad musulmana puede ejercer la democracia sin desprenderse de la religión dependiendo de la sociedad o el país en cuestión. En ningún caso, se puede juzgar porque al lado de la palabra República aparezca islámica. Por mucho que a ojos de un occidental chirríe. Por otro lado, hay que señalar más complejidades en este entramado de intereses mundial. Erdogan, el definido como representante del islamismo moderado, fue acusado recientemente de financiar a Al Qaeda en Siria. Con lo que hemos visto hasta ahora, ¿podría considerarse eso islamismo moderado? En definitiva y en la práctica, sí podemos decir que democracia e islam pueden ir de la mano. No hay que dejarse engañar por la imagen de que el Islam en algunos sistemas con un sufragio universal puede influir negativamente. Es el recelo, ejemplificado claramente en el auge de los hermanos musulmanes en las elecciones egipcias tras las revueltas en Egipto, donde se derrocó una dictadura laica al servicio de Occidente, de que los nuevos gobiernos legítimos con una alta representación de partidos islámicos tiendan a alejarse de los intereses occidentales. Existen también otras feroces dictaduras islamistas como es el caso de Arabia Saudí, donde no existe tal imagen peyorativa al ser el gran proveedor de petróleo del mundo occidental. En la teoría habría que comprender su forma de entender la sociedad y su evolución en la historia.

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