Religión y política: un matrimonio mal avenido

Se debe tener en cuenta tanto la dimensión cultural como la ideológica, en primer lugar, por la oposición nacional existente entre los árabes (sobre todo palestinos) e israelíes; en segundo lugar, porque en el mundo islámico religión y política se encuentran indisolublemente unidos. La revolución iraní de 1979 fue acaudillada por un líder religioso, el ayatollah R. Jomeini; en Argelia, el Frente Islámico de Salvación (FIS), un grupo religioso –no un partido-, ganó la primera vuelta de las elecciones celebradas en 1991, aunque fueron anuladas posteriormente. No se trata de que los clérigos intervengan en política, a manera de la Iglesia medieval, sino de que la religión y la política son una misma cosa: el elemento que rige el orden de la comunidad. Esta situación es tan antigua como el Islam. Mahoma fue el fundador de la religión islámica o musulmana, pero también el organizador del primer Estado islámico. Se puso al frente de sus partidarios y empuñó las armas para conquistar la ciudad de La Meca, en Arabia. El botín de guerra y las limosnas voluntarias fueron los primeros ingresos de un Estado primitivo y embrionario. Las enseñanzas del profeta Muhammad (Mahoma), más tarde recogidas en el libro sagrado (el Corán), son las normas de justicia necesarias para la convivencia, son la Ley de la comunidad musulmana.

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