El auge del fundamentalismo

El altísimo índice de crecimiento demográfico no ha venido acompañado de un incremento paralelo de los recursos, y las ciudades musulmanas, cada vez más abigarradas y populosas, son el escenario del crecimiento del paro y la miseria. En estas circunstancias, la opción de la modernización para adoptar el estilo de la civilización occidental ha perdido fuerzas en beneficio de grupos radicales que ofrecen a la población esperanzas mesiánicas y que gozan de reconocimiento por el comportamiento austero y solidario de los partidarios: los buenos musulmanes. El fundamentalista, que preconiza la vuelta a las esencias de la civilización musulmana, no es sino la constatación del fracaso de la política internacional en el mundo árabe y se alimenta de la pobreza y el desencanto de las masas. Esta vuelta hacia el islam ha tomado el testigo del panarabismo marchito y es un elemento aglutinador de la resistencia y acoso de los gobiernos que siembra la inestabilidad política en estados islámicos.

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