La islamofobia

Si bien durante los últimos años se ha discutido bastante sobre el significado del término islamofobia, como si fuera un neologismo surgido en las últimas décadas, lo cierto es que el término tiene ya unos 100 años. Lo encontramos en obras de principios del siglo XX dedicadas al estudio de la relación entre las autoridades coloniales francesas y el islam y los musulmanes, especialmente en el África occidental. Ya entonces el término se utilizó para denotar una actitud hostil hacia el islam y los musulmanes basada en la creencia de que ambos eran los enemigos irreductibles y absolutos del cristianismo y de Europa, de los cristianos y los europeos. Es decir, la islamofobia, consistiría en la construcción de una “imagen del enemigo” del islam y los musulmanes.

Una imagen del enemigo no es simplemente una imagen crítica, sino mucho más, significa en su conjunto «la creencia sostenida por cierto grupo de que su seguridad y sus valores básicos están directa y seriamente amenazados por otro grupo. Una imagen del enemigo no puede consistir sólo en sentimientos de disgusto o antipatía; siempre conlleva la posibilidad de violencia y destrucción. Es una cuestión de existencia y supervivencia.» (Luostarinen, Heikki (1989): “Finnish russophobia: the story of an enemy image”, Journal of Peace Research, vol 26, nº 2, pp. 123-137).

Es decir, la islamofobia sería una actitud hostil hacia el islam y hacia todos los musulmanes basada en la creencia de que estos amenazan “nuestra” seguridad, “nuestra” misma existencia y “nuestra” existencia como nación, como cultura y como “civilización”. Esta actitud hostil se transmite a través de un discurso esencialista basado en esa imagen amenazante del islam. Esta imagen se construye y legitima, siguiendo la «actitud textual» propia del orientalismo y a partir, sobre todo, de los textos sagrados del islam, pero también a partir de una imagen caricaturesca de los primeros años de existencia de esta religión.

A partir de este punto de vista se derivan dos axiomas propios del pensamiento orientalista que la islamofobia hereda: los textos del periodo clásico del islam nos dicen más acerca del islam que los propios musulmanes. El islam, por lo tanto, no cambia a lo largo del tiempo ni en el espacio. De ahí que la utilización de anacronismos y de paralelismos entre el pasado y el presente sean dos constantes dentro de los textos islamófobos. Se parte de la idea de que el islam no cambia, se hace uso de los textos medievales y de la historia medieval, y como resultado esa imagen del islam inalterado e inalterable sale reforzada. En otras palabras: Mahoma hizo del islam el mal que fue, que es, y que será por siempre jamás. Esa esencia maligna del islam, por si sola, explica el conflicto que el islam ha entablado a lo largo de toda su historia con el resto del mundo no musulmán. Esa esencia maligna explica el actual peligro que el islam y los musulmanes se suponen, representan para España y el resto del mundo occidental.

La forma en la que la islamofobia construye esa imagen de la amenaza islámica es idéntica a la forma en la que el antisemitismo construyó su imagen de la amenaza judía: todo parte de atribuir a los musulmanes o a los judíos una “esencia”, un “carácter”, un “espíritu” y una “cultura”  representada por el judaísmo y el islam, y de atribuir a esa esencia un carácter maléfico, para lo cual se privilegia el uso selectivo de los textos sagrados del judaísmo y el islam: los texto servirían de prueba de que, efectivamente, la esencia del islam y del judaísmo es malvada. En consecuencia, todos los musulmanes y los judíos serán representantes del Mal y una amenaza real y peligrosa para “nuestra” supervivencia.

Así funciona la islamofobia, sin embargo ésta adquiere otro aspecto en contextos en los que, dentro de algunos Estados democráticos, existe una población minoritaria musulmana con acceso a la ciudadanía o posibilidad de acceder a ella -o con la posibilidad de disfrutar de derechos semejantes a los disfrutados por el resto de ciudadanos-. En esta situación, la islamofobia se conjuga con temas propios del nacionalismo étnico y del racismo. Se convierte en antimusulmanismo, una islamofobia aplicada contra un enemigo que, ya no es sólo exterior, sino que también es interior.

La  imagen amenazante del islam y los musulmanes creada por la islamofobia permite legitimar medidas de discriminación contra la población musulmana, dando lugar así a este nuevo fenómeno, totalmente desconocido antes de que existiera este nuevo contexto de inmigración y progresiva integración de la población musulmana en Europa.

– Programa: Islam hoy – RTVE

– Entrevista a Amparo Sánchez Rosell, Presidenta de la Plataforma Ciudadana Contra la Islamofobia, sobre las situaciones islamófobas que se están viviendo en España.

  • “La islamofobia es una hostilidad hacia el islam y los musulmanes, y se suele plasmar desde una simple marginación, que es lo más leve, hasta agresiones verbales o físicas”.
  • “La crisis socioeconómica que vive Europa aumenta la xenofobia y así lo están alertando organismos internacionales. Desde Bruselas se nos está adviertiendo del grave problema de islamofobia en Europa y España”.
  • “En Europa existen los delitos de odio, pero en España no existe un protocolo, se tipifican como un delito de faltas. Hace falta una especialización de la fiscalía en delitos de odio pero eso cuesta mucho”.
  • “La islamofobia no es algo nuevo ni viene a consecuencia del 11-S. El mismo discurso político utilizado por la gente ultra de ahora es el mismo que se usó en la Edad Media para expulsar a los moriscos”.
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